domingo, 8 de mayo de 2011

El viajero ilustrado: los tranvías

Aunque para algunos sean viejos vagones olvidados, en las grandes urbes europeas los prefieren por su comodidad y eficacia.
El Viajero ama el Düsseldorfer Straßenbahn. No es un postre ni un monumento singular sino una de las redes de tranvías más antiguas del mundo. Inaugurado en 1876 en Düsseldorf, Alemania, continúa funcionando hasta el día de hoy con su traqueteo romántico y su singular estampa.
Los tranvías ejercen un particular atractivo entre los paseantes. Los que los usan a diario los consideran parte de su rutina, mientras que los viajeros ocasionales experimentan una especie de regreso al pasado. Los ingleses los llamaron “Tramway”, lo que literalmente significa “vía de rieles planos”. En Londres se los llama simplemente “Tram”.
Como se sabe, un tranvía es una suerte de tren en miniatura que va sobre vías, pero en las propias calles, en algunos casos, como el tranvía de Tenerife, el cual transita por vías públicas exclusivas cubiertas de hierbas. Una postal realmente bella.
Como sabe El Viajero, los primeros servicios ferroviarios de pasajeros se iniciaron en 1807, en Gales. Los Tramways iban por rieles, pero eran tirados por caballos. Esta tecnología se expandió al Nuevo Mundo: en 1832 se instaló el primer tranvía de Nueva York. Luego se expandió por Europa; primero por París, en 1854, y luego por España, en 1871. Por esos años llegó también a México, La Habana, Río de Janeiro, Buenos Aires y Callao, en Perú.
Cuando pasó el tiempo del caballo, como sabe El Viajero, se intentó instalar un sistema similar al de los trenes, con tracción a vapor. Pero las molestias causadas por el humo desalentaron la propuesta. Luego se probó una versión con aire comprimido.
Un apellido alemán muy conocido vino a dar con la solución definitiva. Werner von Siemens instaló en Berlín, en 1879, el primer tranvía eléctrico. Luego lo siguió Budapest, en Hungría, y el traqueteo de este curioso vehículo se expandió por todo el mundo.
La llegada de los autobuses aceleró el tránsito urbano y el viejo tranvía fue perdiendo lugar: lento y ruidoso, pocos se animaron a apostar por su futuro. Hacia mitad del siglo XIX, entiende El Viajero, las redes de tranvía desaparecieron casi completamente de América del Norte, Francia, Gran Bretaña y España, pero se mantuvieron –y modernizaron– en Alemania, Austria, Bélgica, Italia, Países Bajos, Escandinavia, Suiza, Japón y en Europa del Este.
Tras la crisis del petróleo de los años 70, Francia volvió la mirada hacia los pintorescos carros acordonados a redes eléctricas aéreas. Y a partir de los años 80, comenzaron a circular en Nantes, Estrasburgo, Rouen, Burdeos, Niza –inaugurado en 2007– y el más nuevo, habilitado hace un año, en Toulouse. De todos, El Viajero ama dejarse llevar por el ronroneo del tranvía de Orleans.
Si bien se instrumentaron tranvías motorizados por otros combustibles, el clásico sigue siendo eléctrico. De hecho, el cine ha eternizado las imágenes de los tranvías de cable de San Francisco. Lo curioso, entiende El Viajero, es que aquí los cables no se ven, pues están insertos en rieles que van por la calzada. Esta fue la solución que encontraron para poder circular por las empinadas calles de la ciudad. Cuando uno sube, otro baja, y ambos funcionan como contrapeso. Los nuevos tranvías –entiende El Viajero– ya no apelan a los cables aéreos ni terrestres, sino a otros recursos, como las baterías. Este es el caso del que funciona actualmente en Niza, y que atraviesa las bellas plazas de Masséna y Garibaldi.
En Europa, más de 280 ciudades tienen tranvías circulando sobre 11.000 km de vías. Dublín, Munich, Burdeos, Estrasburgo, Berlín, Viena, Praga, Amsterdam, Atenas, Budapest, Milán, Roma, Zurich, Lisboa, Zaragoza, Estambul y Oslo, son sólo algunas. Cada vez que las visita, El Viajero carga con un pequeño libro que ya no puede leer en Buenos Aires, salvo en paseos como los del viejo tranvía 44, en Caballito: Veinte poemas para ser leídos en el tranvía , del porteño Oliverio Girondo.
FUENTE: CLARIN

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