martes, 16 de noviembre de 2010

Las armas de la revolución mexicana


Especial
(Francisco Villa fue uno de los revolucionarios que le dio un uso militar al ferrocarril)
 La industria bélica y los medios de transporte fueron parte importante en esta etapa de la historia del país. Sin ellos, el conflicto que cambió a la nación no se habría llevado a cabo
Hablar de la revolución mexicana es hablar del conflicto más importante del siglo pasado en el país. Éste englobó varios problemas sociales y generó cambios en las estructuras demográficas. Por su parte, la tecnología también fue pieza clave del conflicto. Las armas y el ferrocarril fueron sus principales aportaciones.
Si bien México contaba con un importante avance en las vías ferroviarias, la historia indica que fue Porfirio Díaz el encargado de expandir esta red. Durante su gobierno  este proyecto fue una herramienta de transporte y control social, explica la revista México desconocido.
Gracias a los ferrocarriles se reprimieron varias sublevaciones, como fue el caso de Río Blanco. ¿Quién iba a decir que, años después, este eficiente medio de represión se transformaría en los caminos de la Revolución?
Para 1910, año en que estalla la revolución mexicana, los trenes juegan un papel importante, explica el periódico el Zócalo de Saltillo. México contaba con 19 mil 748 kilómetros de vías férreas y con varias empresas ferrocarrileras. La principal de ellas era Ferrocarriles Nacionales de México, S. A., que pertenecía en un 51 por ciento al Estado mexicano.
Todos los actores de la contienda usaron el ferrocarril de una u otra manera. El ejército federal, al servicio del régimen de Porfirio Díaz, primero, y de Victoriano Huerta, más tarde, lo usó para el transporte de soldados, de caballos y de artillería.

El ejército Libertador del Sur, de Emiliano Zapata, se especializó en volar puentes y rieles para obstaculizar el movimiento de los trenes militares federales. Pero también le encontró otra utilidad: el 29 de marzo de 1911 se valió de una locomotora de la hacienda de Chinameca, en Morelos, para forzar sus portones e irrumpir en ella. Así obtuvo 40 rifles Savage, municiones y caballos.
Fue el General Francisco Villa quien revolucionó el uso militar del ferrocarril. Así tomó la importante población fronteriza de Ciudad Juárez en 1913. Poco después, el primero de octubre, Villa se lanzó con su División del Norte a la toma de Torreón, importante nudo ferroviario. Ahí ganó un botín de guerra consistente en 11 cañones, 335 granadas, 299 fusiles, 500 mil cartuchos, 5 ametralladoras, 39 locomotoras y gran cantidad de furgones, jaulas y plataformas.
Más tarde, Villa volvió sus pasos sobre la ciudad de Chihuahua, pero no logró tomarla. Entonces simuló establecer un sitio y, con todo sigilo, se posesionó de un tren que viajaba de Ciudad Juárez a Chihuahua. Obligó al telegrafista a enviar un mensaje informando que la vía estaba cortada por los revolucionarios y pidió instrucciones.
La respuesta fue que el tren retornara a Ciudad Juárez e informara a todas las estaciones intermedias de tal orden. Villa y dos mil de sus hombres abordaron el tren y en cada estación obligaron al telegrafista a enviar un mensaje reportando su regreso. Además, cortaron la línea telegráfica. Finalmente, el tren llegó a Ciudad Juárez sin contratiempos.
Ametralladora British- Lewis
La mayor parte de las armas usadas en la revolución eran portátiles. La más mortífera y letal era la ametralladora. De ella se usaron varios modelos, como Madsen, Lewis, Colt, Norteamericana, Vickers, Inglesa, Hotchkiss y francesa. Por sus características balísticas, físico-mecánicas y por su abundancia se dio preferencia a la francesa, explica el sitio electrónico revolucionentorreon.com.
Ametralladora Colt
Ametralladora Vickers
La dinamita jugó un papel singular y sangriento en acciones que no llegaron a tener el alcance de un combate formal. Entre ellos, explosiones de trenes y actos contra las obras de arte de los ferrocarriles. Muy socorrido fue el empleo de las "máquinas locas", que se dirigían contra los convoyes militares o contra los de pasajeros que llevaban escolta.
También se emplearon "trampas para bobos", lanzacohetes, "Marileñarena" y morteros "Higareda-Reed". Estos dos últimos eran adelantados para su época y fracasaron por la imposibilidad de construir granadas.
La artillería reglamentaria del Ejército Federal consistía en unidades de campaña Schneider-Canet y Saint-Chamond Mondragón. Estas últimas habían sido traídas para dar realce a las fiestas del Centenario de la Independencia. Ambas eran de calibre 75 mm.
En calidad de muestras, proporcionadas por compañías interesadas en vender material de guerra, había también unas cuantas piezas Skoda de 75 mm., Vickers de 70 mm. (ambas de montaña), y Krupp, de campaña. En total, había unos 60 cañones.

¿Crees que la tecnología se benefició con la revolución?
¿Consideras que la revolución pudo haber ocurrido sin esta tecnología?

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