sábado, 13 de noviembre de 2010

A 137 años de la llegada del tren al Imperio

El 13 de noviembre de 1873 se inauguró oficialmente la estación de trenes de Río Cuarto, pero las gestiones para su construcción y la del trazado de las vías que llegaban a él, se iniciaron 20 años antes.
Con su llegada se dio uno de los crecimientos más grandes de nuestra ciudad, allá por el año 1873. Cientos de inmigrantes vinieron a estas tierras gracias a la construcción de una ruta ferroviaria que que buscaba unir el Litoral con Cuyo. Un emprendimiento increíble, en la épocas en la que sólo se podía viajar, muy lentamente, con carretas por pésimas rutas.
En la actualidad sólo queda el edificio que funcionó como estación de trenes, que hoy es uno de los paseos más bellos que posee Río Cuarto. En los viejos rieles quedan miles de historias de personas que viajaban para iniciar una nueva vida, amores que se separaban, y algún que otro reencuentro.
Ya en 1855, el gobierno de la Nación había entregado la concesión a José Buschental para la realización de una línea de ferrocarril que uniese al río Paraná con los límites con Chile. Sin embargo, luego de supuestas complicaciones con el empresario para conseguir fondos que apoyaran el emprendimiento, la Nación rompió el contrato.
Varios años pasaron, siempre con la mente de los gobernantes puesta en unir el Litoral con Cuyo. Fue el 15 de noviembre de 1867, cuando se nombró al ingeniero Pompeyo Monetta para que hiciera el trazado de los planos y un análisis del presupuesto para traer el ferrocarril a Río Cuarto, desde la estación del Central Argentino. Un año más tarde se aprobó en el Congreso la obra que tenía como intención continuar desde nuestra ciudad hacia San Luis y Mendoza (por ello el nombre de Andino).
Lo que por entonces no se sabía con seguridad es desde dónde se llegaría a nuestra ciudad, si desde Fraile Muerto o Villa Nueva (Villa María tenía sólo meses de vida y su gran crecimiento se dio con el ferrocarril). Finalmente se optó por esta última.
Junto con Monetta, se asignó al ingeniero Kunt Lindmark y a dos ayudantes: Carlos Malnem (luego sustituido por Carlos Cristiermnson) y Emilio Crosti. Ellos llevaron a cabo todos los planos que fueron presentados el 14 de agosto de ese año al gobierno de la provincia de Córdoba.
A la obra se sumaron nuevos tramos, que extendían el recorrido hasta Jujuy, y una red de telégrafos que acompañaría a los ramales. Para los 132 kilómetros que unirían a Villa Nueva con Río Cuarto, el Gobierno realizó un contrato con Pedro Beare, apoderado de Juan Simmons de Londres. En el arreglo, el empresario británico se comprometía a entregar la vía en perfecto estado a cambio de 26.188 pesos fuertes por milla, que se pagarían con fondos públicos al 80%. Como garantía, el contratista debía depositar en el Banco de Londres la suma de 10 mil libras esterlinas.
En 37 meses las obras debían estar concluidas, de lo contrario se aplicaría una multa de 10 mil pesos fuertes por cada mes que se demorara. Además, el gobierno podía controlar los materiales con los que se trabajaría (al final fueron rieles doble T y durmientes Livesey, al igual que el Central Argentino).

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